La Madre Naturaleza es muy sabia y, poco a poco, la humanidad está empezando a (re)entenderla. En los inicios de la humanidad el valor de la naturaleza era indiscutible pues era el principal recurso del que se disponía y se utilizaba para abastecer todo tipo de necesidades.

Hoy en día, ante una sociedad basada en el consumo y las nuevas tecnologías, no podemos apreciar los materiales primos. En una rama fundamental se puede apreciar el “desprecio” o la ausencia de valor hacia la naturaleza, en la medicina. Los medicamentos químicos que hoy en día usamos y conocemos nacen de la herbolaria (o fitoterapia), es decir, de los estudios y conocimientos medicinales de las plantas.

Las especies naturales poseen un gran valor a día de hoy. Hay múltiples estudios que demuestran que el reino vegetal es el instrumento esencial para hallar respuestas a enfermedades, dolencias y trastornos que hoy en día no poseen una cura.

Una de las especies más llamativas son los panes de setas. Estos hongos, con propiedades alucinógenas son herramientas de gran valor en culturas indígenas del continente americano desde hace siglos. El uso de estas especies está totalmente alabado por estas sociedades y por algunos sectores científicos que se dedican a la investigación de especies tan particulares como ésta.

Los alucinógenos son especies muy particulares, pues pueden distorsionar nuestros sentidos y percepciones. Las características de estas especies son muy llamativas en el ámbito sanitario, principalmente en el sector neurológico. El poder que poseen para manipular nuestros sentidos es abismal, por ello científicos y profesionales de la salud están empezando a indagar sobre estas especies para conocer sus propiedades y utilidades y aplicarlas en distintos trastornos de la salud.

Los alucinógenos son especies que llevan utilizándose desde hace siglos. En nuestra cultura, llamada moderna, no ha sido hasta hace poco que se han dedicado al estudio de estas especies, llevado un retraso espectacular en materia sanitaria. Las connotaciones negativas de las distintas especies alucinógenas, que en nuestra cultura están catalogadas como drogas y que, además, se prohíbe su consumo, han hecho mella obstaculizando su estudio y uso en terapias de diversa índole.

Las sustancias alucinógenas son especies que provocan distintos efectos en el receptor dependiendo de la forma de consumo, del estado (físico y psicológico) y de la cantidad que se consuma. Hay una extensa gama de posibilidades pero los que lo han probado coinciden en algo: la experiencia es única y nos sumerge en un extenso mundo de posibilidades. Además, debemos puntualizar un rasgo de estas especies y es que no generan dependencia física, como sí lo hacen otras sustancias.

En estos últimos años se ha puesto de “moda” estudiar estas especies tan particulares. Desde hace siglos está demostrada su capacidad de influir y curar distintas dolencias. En nuestra cultura, sin embargo, hemos tenido que esperar siglos para que se inicien unas investigaciones que deberían haber comenzado hace bastante tiempo ya. Las connotaciones y etiquetas injustificadas hacen mella. Es importante enriquecernos de conocimiento y contrastar realmente si lo que se dice de algo es cierto antes de catalogar injustificadamente sustancias que son herramientas fundamentales para dar respuesta a enfermedades y problemas de nuestra salud.